Las semanas que siguen al nacimiento suelen concentrar toda la atención en el bebé. Sin embargo, el cuerpo de quien acaba de parir atraviesa uno de los momentos de mayor exigencia vascular de toda la vida, y ese proceso no termina en el alta hospitalaria. El período de mayor riesgo de un ataque cerebrovascular asociado al embarazo ocurre en las primeras semanas posteriores al parto.
Es un dato poco difundido, incluso entre mujeres que tuvieron un embarazo sin complicaciones. Y conocerlo cambia algo concreto: la capacidad de reconocer una señal a tiempo. Tampoco es una preocupación reservada a edades avanzadas, ya que el ACV también afecta a menores de 45 años.
Por qué el cuerpo queda expuesto
Durante el embarazo, la sangre se vuelve más espesa. Es un mecanismo de protección: el organismo se prepara para no perder demasiada sangre en el parto. El problema es que esa tendencia a coagular no desaparece apenas nace el bebé. Durante esas semanas persisten cambios en la coagulación, en el funcionamiento del endotelio y en la circulación venosa que favorecen la formación de trombos.
A eso se suman otros factores que se acumulan en el mismo momento: el cambio brusco en el volumen de sangre después del parto, las variaciones de presión arterial, la falta de sueño y el reposo prolongado. Todo junto, en un cuerpo que todavía está volviendo a su equilibrio. Además, durante el embarazo y el puerperio aumenta la susceptibilidad a disecciones de las arterias del cuello, otra causa poco frecuente pero importante de ataque cerebrovascular en mujeres jóvenes.
Hay antecedentes que aumentan especialmente esta exposición:
Es importante saber que la preeclampsia no se apaga con el parto. Deja una marca a largo plazo y duplica el riesgo cardiovascular en las décadas siguientes, un riesgo que vuelve a crecer con la llegada de la menopausia. Muchas mujeres nunca reciben esa información y hoy se considera un marcador de riesgo para el resto de la vida.
Las señales que no hay que atribuir al cansancio
El obstáculo más grande es que casi todos los síntomas de alarma se confunden con lo esperable del posparto. Estar agotada, con dolor de cabeza y sin dormir parece parte del paquete. Pero hay señales que no lo son:
Ante cualquiera de estos signos, la consulta es inmediata y no se puede esperar al control programado. En un ataque cerebrovascular, cada minuto de demora significa neuronas que no vuelven.
También conviene sostener el control de la presión arterial durante las semanas posteriores al parto, sobre todo si hubo presión alta durante el embarazo. Es una medida simple que a veces se abandona cuando la atención se corre por completo hacia el bebé, y en muchos casos debe persistir crónicamente.
Cuidarte a vos también es cuidarlo
En la Clínica La Sagrada Familia acompañamos la salud vascular de la mujer en cada etapa:
Un embarazo es un dato de tu historia clínica cardiovascular. Y aunque el ACV durante el embarazo y el puerperio es poco frecuente, representa una de las principales causas de discapacidad neurológica adquirida en mujeres jóvenes.
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