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15/05/2026

Trombectomía: cuando cada minuto salva

Cuando ocurre un ataque cerebrovascular (ACV) isquémico, el tiempo no solo es oro: es tejido cerebral. Cada minuto de obstrucción arterial puede significar la pérdida de 1,9 millones de neuronas, y eso hace que la velocidad de respuesta sea tan determinante como el tratamiento en sí. 

En ese escenario, la trombectomía mecánica se convirtió en una de las herramientas más poderosas de la medicina actual: un procedimiento capaz de revertir un ACV severo y devolverle a una persona su vida tal como la conocía.

 

Cómo funciona el procedimiento

Un  ACV isquémico ocurre cuando un coágulo obstruye una arteria que irriga el cerebro. La trombectomía mecánica es el procedimiento que permite acceder a esa arteria (habitualmente por vía femoral o radial, sin cirugía abierta) para extraer el coágulo en cuestión de minutos, bajo guía de imágenes en tiempo real. 

Mediante dispositivos de aspiración o pequeños dispositivos en forma de malla llamados stent retrievers, este procedimiento permite que el coágulo pueda ser removido, logrando restablecer el flujo arterial de forma rápida y efectiva 

A diferencia de la trombolisis, que usa medicación para disolver el coágulo, la trombectomía actúa de forma mecánica y es especialmente efectiva en oclusiones de grandes vasos. 

El procedimiento marcó un antes y un después en el tratamiento del ACV:  la trombectomía logra resultados significativamente mejores que el tratamiento médico solo, con mayor independencia funcional a los 90 días.

La ventana de tiempo y por qué importa reconocer los síntomas

El procedimiento es efectivo dentro de una ventana de tiempo que en ciertos pacientes puede extenderse hasta las 24 horas. Esto es posible gracias a que no todo el tejido cerebral afectado muere al mismo tiempo: existe una zona en riesgo pero todavía recuperable, que los especialistas llaman penumbra isquémica. Cuanto antes se actúa sobre ella, mejores son los resultados. 

Hay causas que aumentan el riesgo de sufrir un ACV isquémico —como hipertensión arterial, diabetes, tabaquismo, dislipemia, fibrilación auricular, estenosis carotídea— y conocerlas también forma parte de la prevención. Por eso, reconocer los síntomas de un ACV es parte fundamental del tratamiento:

  • asimetría facial (un lado de la cara caído),
  • pérdida de fuerza en un brazo o pierna,
  • dificultad para hablar o entender lo que se dice,
  • visión borrosa o pérdida súbita de la visión,
  • cefalea intensa y repentina sin causa aparente.

Ante cualquiera de estas señales, la indicación es una sola: llamar de inmediato a la emergencia y no esperar a “ver si pasa”.

 

Tecnología y equipo de referencia

La Clínica La Sagrada Familia cuenta con una Unidad de Stroke activa las 24 horas y con un equipo especializado en neurología vascular, neurointervencionismo, diagnóstico por imágenes, cuidados críticos y emergencia, que realiza trombectomías mecánicas con tecnología de última generación. 

El centro forma parte de la red de atención de ACV de alta complejidad en Buenos Aires, y dispone además de una Unidad Móvil de Rescate Cerebral para acortar aún más los tiempos desde el inicio de los síntomas hasta el tratamiento.

Actuar rápido requiere también de un sistema preparado. Y ese sistema, en la Clínica La Sagrada Familia, está listo.

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Durante un ataque cerebral perdemos 2.000.000 de neuronas por minuto.
Cada segundo cuenta.