Hay un dolor que aparece al caminar unas cuadras y obliga a detenerse. Baja por las piernas como un hormigueo o una sensación de pesadez y mejora al sentarse o inclinarse levemente hacia adelante. Al inclinar el tronco hacia adelante aumenta ligeramente el espacio disponible dentro del canal espinal, disminuyendo la presión sobre las raíces nerviosas. Por eso muchas personas sienten alivio al sentarse o apoyarse sobre un carrito de supermercado o un andador.
Otros, lo atribuyen a la edad, al cansancio o a “algo muscular” y tardan años en saber que tiene nombre y tratamiento: estenosis espinal. La estenosis espinal es el estrechamiento del canal por donde pasan la médula espinal y las raíces nerviosas. Ese canal puede reducir su espacio disponible con el paso del tiempo por distintas causas: por el desgaste de los discos intervertebrales, el crecimiento del hueso alrededor de las articulaciones vertebrales (osteofitos), el engrosamiento de los ligamentos y los cambios degenerativos propios de la edad.
Cuando ese espacio se reduce, los nervios quedan comprimidos y el cuerpo lo avisa con dolor, hormigueo, debilidad o dificultad para caminar. La zona lumbar es la más afectada, aunque también puede ocurrir en la columna cervical, con síntomas que comprometan brazos y manos.
Una enfermedad que se confunde con otras
El principal desafío diagnóstico de la estenosis espinal es que sus síntomas se parecen a los de otras patologías.
Hay un dolor que aparece al caminar unas cuadras y obliga a detenerse. Puede confundirse con problemas circulatorios. Pero a diferencia de la enfermedad arterial, el dolor suele aliviarse rápidamente al sentarse, inclinar el tronco hacia adelante o incluso sin detener completamente la marcha. El hormigueo en los pies puede sugerir neuropatía diabética y la debilidad en las piernas relacionarse con otras condiciones neurológicas.
La estenosis espinal afecta principalmente a personas mayores de 50 años, aunque puede aparecer antes en quienes tienen factores predisponentes como escoliosis, antecedentes de hernia de disco o trabajos con carga física sostenida. En muchos casos avanza lentamente durante años antes de generar síntomas significativos, lo que hace que el diagnóstico llegue tarde.
Los síntomas más frecuentes incluyen: dolor lumbar o cervical persistente, hormigueo o entumecimiento en brazos o piernas, debilidad muscular progresiva y dificultad para mantener el equilibrio. En los casos más severos pueden aparecer alteraciones en el control de esfínteres, síntoma que requiere consulta urgente. Cuando afecta la región cervical también puede comprometer la médula espinal, provocando torpeza en las manos, alteraciones del equilibrio y dificultades para caminar.
Del diagnóstico al tratamiento
La resonancia magnética es el estudio de elección porque permite evaluar simultáneamente los discos, ligamentos, médula espinal y raíces nerviosas, además de identificar con precisión el grado de estrechamiento y las estructuras comprimidas en qué nivel de la columna. La tomografía computada y los estudios de conducción nerviosa completan el panorama diagnóstico cuando es necesario.
Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento depende de la intensidad de los síntomas y del grado de compresión. En casos leves o moderados, el manejo incluye medicación, descenso de peso cuando corresponde, ejercicios de fortalecimiento, fisioterapia e infiltraciones epidurales en casos seleccionados.
Cuando los síntomas son más severos o no responden al tratamiento conservador, puede considerarse el tratamiento quirúrgico. En pacientes seleccionados, existen técnicas mínimamente invasivas que permiten aliviar la compresión neural y la afectación de los tejidos vecinos, menor agresión de los tejidos vecinos, menor pérdida de sangre durante la cirugía y una recuperación más rápida que la cirugía abierta tradicional.
El diagnóstico de la estenosis espinal requiere experiencia clínica y una adecuada interpretación de los estudios por imágenes. En muchos casos, un abordaje oportuno evita el deterioro funcional y mejora significativamente la calidad de vida. Por eso la evaluación por especialistas en patologías de la columna, como neurólogos o neurocirujanos, es clave, no solo para confirmar el diagnóstico, sino también para descartar otras causas que requieren un abordaje diferente.
Cuanto antes se identifique la causa de los síntomas, mayores son las posibilidades de aliviar el dolor, recuperar la movilidad y evitar un deterioro neurológico permanente.
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