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Cuando pensamos en alimentación, solemos relacionarla con el peso, la digestión o los niveles de colesterol. Sin embargo, lo que comemos también influye sobre algo menos visible: la salud de nuestras arterias. Y cuidar las arterias significa, en gran medida, cuidar también el corazón y el cerebro.
Con el paso del tiempo, distintos factores de riesgo pueden favorecer el desarrollo de aterosclerosis: la acumulación de colesterol en la pared arterial da lugar a la formación de placas que alteran progresivamente la salud de las arterias.
Algunas placas pueden crecer y estrechar el interior de los vasos, dificultando el flujo de sangre. Otras, incluso sin producir una obstrucción importante, pueden volverse inestables y favorecer la formación de coágulos.
Cuando este proceso compromete las arterias que llevan sangre al cerebro puede aumentar el riesgo de un ataque cerebrovascular (ACV); cuando afecta a las arterias coronarias, puede favorecer a la aparición de un infarto de miocardio. La aterosclerosis puede desarrollarse silenciosamente durante años antes de producir síntomas.
La alimentación, por sí sola, no determina si una persona desarrollará una enfermedad cardiovascular o cerebrovascular, pero constituye uno de los factores modificables más importantes sobre los que podemos actuar.
La hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo y el exceso de grasa abdominal son algunos de los principales factores de riesgo vascular. La alimentación puede influir sobre varios de ellos. Un consumo elevado de sodio, por ejemplo, puede dificultar el control de la presión arterial, mientras que un patrón alimentario rico en productos ultraprocesados, azúcares agregados y grasas saturadas puede favorecer alteraciones metabólicas asociadas con un mayor riesgo cardiovascular.
Cuidar las arterias no exige perseguir una dieta perfecta. Tampoco existe un alimento capaz de “limpiarlas”. Lo que realmente importa es el patrón de alimentación que mantenemos a lo largo del tiempo.
Los patrones alimentarios con mayor respaldo para la salud cardiovascular priorizan verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y aceites vegetales como el de oliva, y limitan el exceso de sodio, carnes procesadas, bebidas azucaradas y productos ultraprocesados.
Las legumbres, por ejemplo, aportan fibra, potasio, magnesio y proteínas de origen vegetal, y pueden formar parte de una alimentación orientada al control de la presión arterial, el colesterol y otros factores de riesgo cardiovascular.
También es importante mirar más allá del peso corporal. Como explicamos en Tu cintura habla de tu cerebro, la acumulación de grasa abdominal se asocia con alteraciones metabólicas que pueden afectar progresivamente la salud vascular.
Por eso, proteger nuestras arterias requiere una estrategia integral: una alimentación saludable, actividad física regular, evitar el tabaco y controlar periódicamente la presión arterial, el colesterol y la glucemia.
En la Clínica La Sagrada Familia contamos con equipos de Nutrición, Neurocardiología y Cirugía Vascular que trabajan de manera integrada para evaluar los factores de riesgo, estudiar la salud arterial cuando está indicado y acompañar a cada persona con estrategias de prevención adaptadas a sus necesidades.
Cuidar las arterias antes de que aparezcan síntomas es también una forma de prevenir enfermedades del corazón y del cerebro.
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