Hay enfermedades que avisan con dolor, mareos o cansancio. El aneurisma cerebral, en la gran mayoría de los casos, no avisa. Puede formarse y crecer sin provocar síntomas y, si se rompe, puede cambiar la vida de una persona en segundos. Por eso, entender qué es, quién está en riesgo y qué opciones existen hoy para tratarlo es una forma concreta de cuidar tu salud cerebral.
Un aneurisma es una dilatación anormal en la pared de una arteria del cerebro. Esa zona debilitada se abomba como un globo y con el tiempo puede crecer. El riesgo mayor ocurre cuando esa “bolsa” se rompe y produce una hemorragia subaracnoidea, una de las formas más graves de ataque cerebrovascular hemorrágico.
Se trata de una emergencia médica grave, con una elevada mortalidad y, entre quienes sobreviven, un alto riesgo de secuelas neurológicas importantes —incluido deterioro cognitivo o demencia vascular— si no se trata de manera inmediata.
¿Quién puede tener un aneurisma?
No existe un perfil único, pero hay factores que aumentan el riesgo de formación o ruptura. La hipertensión arterial es uno de los principales. La presión sostenida sobre las paredes arteriales las debilita con el tiempo. El tabaquismo también daña el tejido vascular y acelera ese proceso. A eso se suman antecedentes familiares y ciertas condiciones genéticas que afectan el colágeno de los vasos sanguíneos.
Las mujeres, especialmente después de la menopausia, tienen mayor prevalencia. La edad y el consumo excesivo de alcohol también se han asociado con un mayor riesgo.
En muchos casos, el aneurisma se descubre de manera incidental durante estudios realizados por otros motivos, en personas que desconocían por completo su existencia. Algo similar ocurre con las malformaciones arteriovenosas cerebrales, otra alteración vascular que también suele ser silenciosa hasta que se manifiesta.
Cuando el aneurisma aún no se rompió, pero ejerce presión sobre estructuras vecinas, pueden aparecer algunas señales de alerta: cefalea persistente, visión doble, párpado caído, pupila dilatada o sensación de presión detrás de un ojo.
Cualquiera de estos síntomas requiere consulta médica. Pero hay una señal que exige atención de emergencia inmediata: el dolor de cabeza repentino, descripto por quienes lo padecen como “la peor cefalea de mi vida“. Esa cefalea en trueno es el síntoma clásico de un aneurisma que ya se rompió y requiere atención médica inmediata. Ante este síntoma no debe esperarse que desaparezca por sí solo: es imprescindible consultar de inmediato a un servicio de emergencias.
Diagnóstico y tratamiento
La tecnología actual permite detectar aneurismas con alta precisión. Estudios como la angiotomografía, la angiorresonancia y la angiografía cerebral permiten conocer con precisión las características del aneurisma y su relación con las arterias vecinas, para definir la mejor estrategia terapéutica.
Una vez detectado, la decisión de tratar depende de múltiples factores: el tamaño, la forma, las características del cuello, la localización, la edad del paciente y sus antecedentes.
No todo aneurisma requiere intervención inmediata; algunos se controlan en el tiempo con estudios periódicos. Pero cuando el tratamiento es necesario, hoy existen alternativas mínimamente invasivas que, en muchos casos, permiten evitar la cirugía abierta. A través de un catéter, los especialistas acceden al aneurisma desde adentro de la arteria y lo tratan mediante la colocación de microcoils o dispositivos de flujo, según las características de cada caso, sin necesidad de abrir el cráneo.
Atención especializada en Clínica La Sagrada Familia
La Clínica La Sagrada Familia es uno de los centros con mayor experiencia del país en el tratamiento endovascular de aneurismas cerebrales y otras enfermedades neurovasculares complejas. Su equipo posee una amplia trayectoria en técnicas mínimamente invasivas y el abordaje endovascular constituye una de sus principales áreas de especialización.
Contamos con guardia neurológica especializada las 24 horas, tecnología de imagen de última generación y un enfoque que integra neurología, neurocirugía y neurorradiología intervencionista para ofrecer un tratamiento personalizado que favorece una recuperación más rápida cuando el abordaje endovascular es la mejor opción terapéutica.
Si tenés antecedentes familiares o factores de riesgo vascular, no esperes a que aparezcan síntomas: un chequeo preventivo puede marcar la diferencia. Detectar un aneurisma antes de que se rompa puede evitar una emergencia potencialmente devastadora y permitir un tratamiento programado, más seguro y con mejores resultados.
Solicitá un turno al (+54 11) 4014-6000 / 7000.