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28/05/2026

Tu intestino habla con tu cerebro

Hay una frase que suena cada vez más en medicina: “el intestino es el segundo cerebro”. Aunque es una simplificación, tiene una base real: el tubo digestivo posee su propio sistema nervioso —el sistema nervioso entérico— con más de 500 millones de neuronas que se comunican de forma permanente con el cerebro, en gran parte a través del nervio vago.

Esta comunicación constante se conoce como eje intestino-cerebro, una red bidireccional que influye en múltiples funciones, incluyendo la regulación del estado de ánimo, la respuesta al estrés y algunos aspectos de la cognición.

La microbiota intestinal —el conjunto de bacterias, hongos y microorganismos que habitan el intestino— participa activamente en esta interacción. Puede producir o modular sustancias con acción neuroactiva, incluyendo precursores y mediadores relacionados con neurotransmisores como la serotonina (de la cual una gran proporción se sintetiza en el intestino, aunque no atraviesa directamente la barrera hematoencefálica) y la dopamina.  

Cuando este ecosistema se altera —por alimentación rica en ultraprocesados, estrés crónico, uso de antibióticos o falta de sueño— también puede modificarse la señalización hacia el cerebro. Esto se ha asociado con síntomas como dificultad para concentrarse, sensación de “mente nublada”, irritabilidad o cambios en el estado de ánimo.

 

Cuando el intestino influye en la claridad mental
Una microbiota alterada puede favorecer un estado de inflamación sistémica de bajo grado —sin fiebre ni signos evidentes— que puede impactar en el funcionamiento del sistema nervioso central. Este tipo de inflamación se ha vinculado con cambios en la función neuronal y en procesos cognitivos como la atención y la memoria.

Además, el eje intestino-cerebro está siendo activamente investigado como un factor que podría contribuir —junto con muchos otros— al desarrollo de trastornos como la depresión, el deterioro cognitivo y, en personas con predisposición, en patologías cerebrovasculares y neurodegenerativas.

Esto no significa que toda niebla mental tenga causa digestiva, pero sí que el estado del intestino merece atención cuando hay cansancio cognitivo persistente, irritabilidad sin causa clara o falta de concentración que no mejora con descanso.

 

Cómo cuidar este eje desde el día a día

La buena noticia es que la microbiota es modificable. Algunos hábitos que la favorecen:

  • Variedad en la alimentación: incorporar frutas, verduras, legumbres y cereales integrales aporta fibra prebiótica, el alimento que necesitan las bacterias beneficiosas.
  • Fermentados naturales: el yogur, el kéfir y ciertos quesos aportan bacterias vivas que colaboran con el ecosistema intestinal.
  • Reducir el ultraprocesado: los alimentos con alta carga de azúcares refinados, conservantes y grasas trans alteran el equilibrio microbiano y promueven inflamación.
  • Gestionar el estrés: el estrés crónico también daña la microbiota. El ejercicio físico regular o el descanso reparador tienen impacto directo en la salud digestiva.
No se trata de seguir una dieta perfecta, sino de entender que la alimentación y el estilo de vida influyen en múltiples sistemas, incluido el cerebro.

 

Digestión, sistema nervioso y cerebrovascular: lo que hacemos en la Clínica La Sagrada Familia

En la Clínica abordamos la salud desde una mirada integral que incluye la conexión entre el sistema digestivo y el sistema nervioso. 

Nuestros equipos de neurología y neurocardiología trabajan en la evaluación de factores de riesgo que van más allá de lo evidente, incluyendo el impacto de la inflamación sistémica en la salud cerebrovascular. 

Si tenés síntomas neurológicos persistentes, o querés hacer un chequeo preventivo, podés solicitar un turno al (+54 11) 4014-6000.





Durante un ataque cerebral perdemos 2.000.000 de neuronas por minuto.
Cada segundo cuenta.