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4/02/2026

Fibrilación auricular y cerebro

La fibrilación auricular es una alteración del ritmo cardíaco en la que las aurículas laten de manera rápida y desordenada. En lugar de contraerse de forma coordinada, vibran. Eso hace que la sangre no circule correctamente dentro del corazón y quede “remansada”, especialmente en la aurícula izquierda.

Este estancamiento favorece la formación de coágulos. El problema no siempre está en el corazón en sí, sino en lo que puede pasar después: si uno de estos coágulos se desprende y viaja por el torrente sanguíneo, puede llegar al cerebro y obstruir una arteria, provocando un ataque cerebrovascular (ACV) isquémico.

Por eso la fibrilación auricular no es solo una arritmia. Es una condición que conecta de manera directa al corazón con el cerebro. Muchas veces no da síntomas, y en personas mayores de 60 años es la más frecuente. 

 

La arritmia que no da aviso

Uno de los mayores riesgos de la fibrilación auricular es que puede ser silenciosa. Algunas personas sienten palpitaciones, falta de aire, cansancio o mareos. Pero en muchos casos no hay ningún síntoma evidente y el diagnóstico aparece recién después de un evento neurológico.

Estudios recientes muestran que la presencia de fibrilación auricular en personas que sufren un ACV isquémico es mayor a la esperada, justamente porque en muchos pacientes la arritmia no había sido detectada previamente.  Esto explica por qué una proporción importante de los ACV se producen en personas que no sabían que tenían una alteración del ritmo cardíaco.

Como ya mencionamos, en mayores de 60 años y, especialmente en aquellos que tienen hipertensión, diabetes, antecedentes cardíacos o apnea del sueño, el riesgo aumenta de forma significativa.

Además, en un número importante de episodios de ACV isquémicos no se identifica una causa evidente en estudios iniciales. En ese contexto, la búsqueda activa de fibrilación auricular se vuelve una parte central del cuidado, ya que muchas veces la arritmia estaba presente pero no había sido diagnosticada.

Este enfoque permite no sólo entender qué pasó, sino también prevenir nuevos eventos.

 

El pulso como señal de alerta

Controlar el pulso en casa de manera regular puede ser una herramienta clave de prevención. Un pulso irregular, cambiante, que no sigue un patrón claro, es motivo de consulta. No reemplaza a los estudios médicos, pero puede ser el primer indicio de que algo no está funcionando bien.

Además, se sabe que muchas fibrilaciones auriculares no son permanentes, sino intermitentes. Por eso, un electrocardiograma aislado puede resultar normal y no detectar la arritmia. En estos casos, el monitoreo prolongado del ritmo cardíaco cobra un rol fundamental.

Detectar la fibrilación auricular a tiempo permite iniciar tratamientos que reducen drásticamente la formación de coágulos y, con eso, el riesgo de sufrir un ACV.

 

Cómo trabajamos esta patología en la Clínica

La fibrilación auricular muestra con claridad que el cuidado del corazón es también cuidado del cerebro. Prevenir arritmias, diagnosticarlas a tiempo y tratarlas adecuadamente no solo mejora la calidad de vida, sino que puede evitar secuelas neurológicas graves y permanentes.

En la Clínica La Sagrada Familia abordamos la fibrilación auricular desde una mirada integral, articulando cardiología y neurología. Evaluamos el riesgo de cada paciente, indicamos los estudios necesarios y definimos estrategias de prevención personalizadas para reducir el riesgo de ACV. Porque cuando corazón y cerebro trabajan en equipo, la prevención es mucho más efectiva.

Si tenés dudas o necesitás más información comunicate con nosotros o accedé a nuestro review científico sobre este tema.





Durante un ataque cerebral perdemos 2.000.000 de neuronas por minuto.
Cada segundo cuenta.